RACE REPORT MARATÓN DE EDINBURGO, FELIPE LATORRE: “Edimburgo: el maratón que me quebró y me hizo más fuerte”

Llevo algunos meses viviendo en Edimburgo por razones personales, por lo que entrené durante semanas en sus calles, parques y costas. El clima acá es distinto al de Chile; a ratos se parece al de Punta Arenas, aunque incluso más extremo. Por latitud, es como correr más al sur de Punta Arenas, con vientos constantes y cambios bruscos de clima. Durante mi preparación, hice algunas carreras locales y fondos largos por la ruta del maratón, enfrentándome al viento, a la lluvia y a la dureza del paisaje escocés.

El día de la carrera sabía que sería difícil: se pronosticaban vientos de 65 km/h y lluvia. Y, para peor, a fines de abril me resfrié. Estuve varios días sin entrenar y no volví a alcanzar los ritmos que llevaba antes. Aun así, prometí dar lo mejor de mí en cada kilómetro, a pesar de no estar al 100% físicamente ni tener un día ideal.

 Kilómetro 0 – La salida

La maratón comienza en el corazón de Edimburgo, en Potterrow, cerca de la universidad. A lo lejos, se asoma la silueta de Arthur’s Seat, el antiguo volcán que vigila la ciudad. Al dar la largada, corres por calles anchas bordeadas de edificios históricos. Todo baja suavemente y el murmullo del público resuena entre las fachadas de piedra. El entusiasmo es contagioso. Te sientes fuerte, aunque sabes que hay una larga batalla por delante.

Kilómetro 5 – Hacia el mar

Ya dejaste atrás el centro urbano. Ahora cruzas Holyrood Park, bordeando el parque real. El paisaje se abre, el grupo se estira, y el ritmo se estabiliza. Te acercas a Portobello, un barrio costero encantador donde el olor a pan recién horneado y el sonido de las olas se mezclan con los gritos del público. Corres por el paseo marítimo y la energía de la gente te impulsa.

Kilómetros 10–20 – Rumbo este, junto al mar

Empieza un tramo largo, llano y expuesto. El Firth of Forthbrilla a tu izquierda mientras avanzas hacia Musselburgh (sin saber que ahí terminarás), luego Prestonpans y más allá. Casas de pescadores, niños con banderas, y el mar acompañándote. La brisa es constante, a ratos traicionera. Es hermoso, pero sabes que el maratón aún no muestra los dientes.

Kilómetros 20–30 – Rectas infinitas y viento cruel

Después de Musselburgh, la ruta se vuelve rural, abierta, con poco público. Pasas por PrestonpansCockenzie y Port Seton. El mar sigue a la vista. El terreno es plano, pero el viento te golpea con fuerza. Es un tramo duro, mentalmente exigente: el cuerpo empieza a resentirse y el viento hace que te sientas lento aunque te esfuerces. El famoso muro se anuncia antes de tiempo. Finalmente, llegas a Gosford House, una imponente mansión rodeada de campos verdes. Es el kilómetro 30. El punto de giro. Empieza el regreso.

Kilómetro 30 – Gosford House

El entorno es de postal: una gran mansión del siglo XVIII en medio del campo. Aquí giras y ves a los corredores que vienen detrás. Las piernas ya no responden igual, pero queda menos de un tercio. Hay que aguantar.

 Kilómetros 31–38 – La lucha verdadera

El retorno es por el mismo camino… pero ya nada se siente igual. El viento y la lluvia son ahora más intensos. Goterones fríos te golpean con fuerza, duelen como agujas. El cuerpo pesa, la mente duda. Miras el reloj. Calculas. ¿PB? ¿Clasificación a Boston? Ya no importa. Esta no es una carrera para hacer marca. Es una prueba de carácter. Un maratón que se corre con el corazón, con rabia, con coraje. A pesar de todo, el terreno sigue siendo plano. Se puede seguir corriendo. Y se sigue.

Kilómetro 42 – La meta en Musselburgh

Aparecen las vallas. El público grita más fuerte. El hipódromo de Musselburgh queda a un lado. El viento aún sopla, la lluvia no da tregua, pero ya no importa. Aprietas los dientes. Te queda lo último. Das todo lo que tienes. Ves el arco de meta. Escuchás tu nombre. Cruzás.

Parás el reloj: 3:11:07.
No era lo que quería, pero es mi marca. La gané con cada zancada, con cada ráfaga en contra, con cada duda vencida.

Sonrisa. Alivio. Orgullo.

Este fue mi quinto maratón. No fue mi mejor marca. Ni de cerca.
Pero fue el más duro. El más épico. El más escocés.
Y, sin duda, uno que correría muchas veces más.

 Curiosidades y datos que valen la pena:

• El dorsal llega por correo, en un sobre. No hay expo ni recogida previa.

• Tu nombre está impreso en el número, lo que hace que el público te anime por tu nombre en todo momento.

• Al cruzar la meta, te entregan un pequeño kit con barra de cereal, morral, polera finisher y una hermosa medalla.

• No es una maratón centrada en el espectáculo o los grandes premios. El enfoque está en lo comunitario y lo benéfico: buena parte de lo recaudado va a organizaciones solidarias.

• Los premios para los ganadores no son los más altos, por lo que no atrae a la élite mundial. Pero eso le da un aire especial: una carrera menos comercial, más íntima, pero igual de desafiante.

• Aun así, es un circuito rápido y homologado, ideal si las condiciones acompañan.

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